Gael
—No está… ¿cómo que no está?
—¡Pascal me dijo que ella se iba a quedar! Quedaron algunos soldados, me dijo que iba a hacer de niñera, pero Nora… no está.
Arístides la miraba preocupado; no sabía si era por Nora o por lo que estaba pasando. El guerrero también debía quedarse en la manada e, igual que yo, había ido en contra de ese mandato, no sé por qué. Era claro que algo raro ocurría; los herejes no éramos de desacatar órdenes ni de romper juramentos.
—Y sin embargo aquí estamos —decía Ike