Agata
La montaña era como un volcán rebosante. La lava continuaba saliendo, expulsada hacia los cielos como una fuente. La lava caía kilómetros más allá.
Había llegado en el momento justo.
—Estábamos cerca de perdernos Agata— se acercaba Fabrizio mientras ayudaba a levantar a todos. —Nos salvaste —me dijo, cansado.
Tenía la ropa quemada, pero la piel ya se iba regenerando.
—Jamás te vi tan mal, vampiro —susurré, y él se rió. Se acercó y me abrazó; aún temblaba.
—Gracias —murmuró a mi oído.
—Siem