Agata
—¿Qué dices? —pregunté, atónita.
Sabía que él había hecho demasiadas cosas como para que esto fuera un mero viento pasajero. Pero estas palabras me atravesaban como una flecha, ni el fuego había sido tan potente como las palabras que pronunciaba.
—Eres mi mate, lo supe desde el primer momento en que te vi. No tengo la menor duda, y si alguna vez existieron, desaparecieron cuando te vi herida. Y cuando supe que estabas a salvo, tuve que luchar para no volver a buscarte. ¿Sabes por qué no v