Arístides
—¡Protéjanse! ¡Protejan la cámara ceremonial! ¡Los heridos, salgan de aquí inmediatamente! —gritaba Fabrizio, con esa voz firme que ni en medio del caos más absoluto perdía la compostura.
Más criaturas salieron del boquete, primero cinco, luego diez, y después tantas que dejé de contarlas.
—¡Son un maldito hormiguero! ¡Hormigas gigantes y acaloradas! —gritó Eva, clavando su daga en el ojo ardiente de una de ellas sin obtener ningún resultado visible—¡ Un hormiguero incendiado y con p