Arístides
—Eso no puede ser nada bueno... —dijo Eva.
Sucedió todo en el mismo instante. Éramos muchos y, sin embargo, no éramos suficientes.
—Como si hubiera existido alguna posibilidad de que pudiéramos ser suficientes. Tiziano volvió de la muerte, todo es posible— gruñía Ajax.
—¡Rodeen la montaña! —gritaba el beta Octavio, ordenando a los guerreros de la ciudad que estaban ya armados.
La bestia del alfa Magnus gruñía y preparaba todos sus músculos para la acción. Fabrizio se acercaba a una