Gael
—¡Nora! ¡Nora! —grité hasta casi quedarme sin voz mientras la cámara de piedra explotaba. Tiziano había levantado una pared de fuego que parecía maciza, la perdí de vista y todo desapareció.
—¡Nora! ¡Indira! —aulló Iker hasta quedar agobiado y jadeando.
—Esposa… —susurré extendiendo aún mi mano hacia donde antes habían estado las reliquias y la piedra.
No quedaba nada. Solo un vacío.
Entre las llamaradas había visto un rayo pasar. Debía ser uno de los vampiros; no creía que mi hermano lo