Nora
—Nadie podría haber sobrevivido a esa caída… el fuego… —susurraba Indira.
—¡Confiesen lo que hicieron! ¡Traidores! —gruñó.
—Nosotros no le debemos explicaciones —gruñía Indira.
— ¡La manada está mejor sin ti! —espeté, y él me miró con un odio profundo que parecía atravesarme.
—¡Traidores! ¡Malditos traidores!
—¡Aléjate, Tiziano! —gritaba Gael.
—¿Qué dices, hermanito? Creo que no has visto bien en qué me he convertido. ¿Necesitas una prueba?
Entonces levantó una pierna y golpeó la piedra