Aristides
Nora y el alfa Gael estaban arriba, peleando con algo que todavía no podíamos comprender, estaban en grave peligro. Había enfrentado muchas cosas en mi vida, pero esta vez nada tenía sentido. Y aquí estábamos, atrapados sin poder hacer nada.
—¡Tenemos que volver, tenemos que ayudarlos! —grité. No debimos venir aquí.
Pero los vampiros se habían quedado casi como estatuas de piedra, escuchando todo lo que ocurría a nuestro alrededor.
—Hay derrumbes, la montaña está inestable —dijo Fabr