Agata
—Tu mensaje ha llegado, y aquí estamos —susurraron varios guerreros. No tuve que voltear: ya más y más aliados se juntaban.
Había guerreros de Luces del Norte y de Ciudad Ónix. Y con todo y eso, no éramos suficientes.
Nunca seríamos suficientes.
Octavio y Eva desenvainaban sus espadas, el Duque sostenía un cuchillo antiguo que debía haber estado entre las reliquias. Magnus jadeaba mirando el horizonte. Arístides estaba a mi lado, atento a cada uno de mis movimientos.
—Guerreros y guerreras