Agata
—¿Señor del Bosque? —me preguntó preocupado—. ¿Tienes un señor? ¿Un esposo?
Difícilmente las hechiceras nos casábamos con cualquiera. Éramos pocas, pero poderosas. Tener hijas era difícil. La naturaleza era cautelosa con aquellos que teníamos demasiado poder.
Él llevaba un traje raído del color del bosque, un cuchillo en el cinto, una pulsera plateada y unas botas altas. Todo en él gritaba que era un guerrero, y eso despertaba en mí una curiosidad tremenda. Su piel, un poco más bronceada