Nora
El camino se volvió más áspero a medida que nos alejábamos del bosque. No era el más frondoso ni el más verde, pero aun aquí los troncos comenzaron a escasear y el aire adquirió una sequedad fría que se colaba bajo la ropa como una advertencia. Sentía que estábamos cruzando un límite invisible, dejando atrás todo lo que conocía para adentrarnos en un territorio donde nada parecía pertenecerme.
—Nos estamos alejando de los territorios de su majestad —murmuró Ágata muy, muy bajo.
Las montaña