POV: Aurora
La noche en el Valle de los Susurros no era negra. Era índigo.
Las estrellas aquí arriba parecían estar tan cerca que, si estiraba la mano, podría rascarme los dedos contra ellas. Estaba sentada en el porche de la cabaña de Celeste, envuelta en una manta tejida, mirando cómo la luna se reflejaba en el lago tranquilo.
Mi cuerpo estaba cansado del entrenamiento mágico, pero mi mente estaba demasiado despierta. Vibraba.
La puerta se abrió a mis espaldas.
No necesité girarme. El olor a jabón de sándalo y humo de leña me envolvió antes que el sonido de sus pasos.
Kieran.
Se sentó a mi lado en los escalones de madera. No dijo nada al principio. Solo se quedó allí, mirando la luna, con los codos apoyados en las rodillas y una taza de té humeante entre las manos.
—No puedes dormir —dijo finalmente. Su voz era baja, rasposa por el silencio.
—La cabeza no me para. —Me apoyé en su hombro. Era sólido. Caliente. Un muro contra el frío de la montaña—. Pienso en Valerius. Pienso en si es