El círculo se desplomó como cristal haciéndose pedazos.
Damián se alzó lentamente, sus ojos carmesí brillando con triunfo mientras flexionaba los dedos, probando su libertad recién recuperada. La energía robada de Lucía pulsaba a través de él como una droga, haciéndolo más fuerte, más rápido, más peligroso.
Lucía yacía de rodillas en la tierra, jadeando, una mano protegiendo instintivamente su vientre. El drenaje había sido brutal; sentía como si