El rugido del viento era ensordecedor.
Lucía caía. Todo giraba a su alrededor: los tablones del puente desmoronándose, los gritos que se perdían entre el eco y el polvo, el vacío tragándose el aire. Por un segundo, creyó que era el final. Pero su cuerpo reaccionó antes que su mente.
Sus manos se extendieron en el instante exacto y los dedos atraparon una de las cuerdas que aún colgaban del puente roto.
El tirón fue brutal.
Sintió cómo los brazos le ardían y la espalda le crujía, pero se aferró