Los primeros rayos de sol atravesaban la niebla como cuchillos dorados.
El aire olía a pino fresco y a tensión contenida, un recordatorio de que la cuarta ronda, una prueba de lealtad disfrazada de carrera de obstáculos brutal, estaba por comenzar.
Lucía se despertó con el eco de la voz de su padre, Karl Lódwood, retumbando en su mente:
“Damián usa la profecía para manipularte... No confíes en él.”
La advertencia se mezclaba con la calidez del recuerdo de su noche con Jacob, el pacto silencios