El sol del mediodía se elevaba implacable sobre el Consejo Supremo, tiñendo el anfiteatro de un resplandor dorado que parecía más una amenaza que una bendición. Las manadas se reunían una vez más en las gradas de piedra antigua, un semicírculo erosionado por siglos de vientos y lluvias, donde el eco de voces pasadas aún parecía susurrar secretos. Lucía caminaba al frente de la Manada del Norte, flanqueada por Dylan a su derecha y Thalia a su izquierda. Los mellizos seguían en silencio, como som