Dafne
La oscuridad no es solo la ausencia de luz. Respira. Se mueve. Escucha.
Eso fue lo que entendí cuando abrí los ojos… solo para descubrir que no había suelo bajo mis pies. Ni cielo. Solo un vacío que temblaba con susurros lejanos y un aire frío que se aferraba a mi piel como manos invisibles.
Mi corazón latía con fuerza en el pecho. Lo último que recordaba era a Jordán — su voz gritando mi nombre, el calor de su toque cuando el mundo se rompió en luz plateada. Luego, dolor. Y después, n