DÁFNE
El bosque volvió a quedar en silencio. Demasiado silencio.
Cada paso que daba hacía crujir suavemente la ceniza bajo mis pies, y con cada sonido, mi corazón daba un salto. El olor a humo todavía flotaba en el aire — pesado y amargo, como el regusto de algo maligno. Apenas podía respirar sin saborearlo.
El viento susurraba entre los árboles carbonizados, y cada ráfaga se sentía como una voz rozando mi oído — tenue, familiar, cruel. Deberías haberte quedado muerta.
Sacudí la cabeza y s