DAFNE
Lo primero que sentí fue frío.
De ese que se mete bajo la piel y se queda ahí, como si quisiera vivir dentro de ti.
Mis dedos estaban rígidos, la garganta seca. Intenté moverme, pero unas cadenas tintinearon desde algún punto sobre mí — pesadas, metálicas, mordiéndome las muñecas.
Luego llegó la oscuridad.
Infinita. Silenciosa. Cruel.
Mi respiración se entrecortó. El corazón me golpeó el pecho con fuerza.
No… otra vez no.
La oscuridad me lo había arrebatado todo una vez — a mi