Jordán
La noche volvía a estar inquieta.
La luz de la luna no me calmaba… me burlaba. Cada sonido afuera parecía demasiado fuerte, cada latido en mi pecho demasiado pesado. Estaba solo en mi habitación, mirando el espejo medio roto frente a mí. Mi reflejo se veía extraño: ojos salvajes, mandíbula tensa y venas arrastrándose bajo mi piel como fuego oscuro.
Entonces lo oí otra vez.
Su grito.
Me atravesó el pecho, agudo y real, resonando a través del vínculo como si estuviera a mi lado. Me leva