JORDÁN
Esa noche, por primera vez en muchos meses, logré dormir. Fue extraño, pero como siempre, los sueños volvieron a atormentarme.
En el sueño, volvía a ser el hijo de doce años del Alfa de la manada Luna Roja.
—“Pequeño monstruo. No has hecho más que causarnos dolor. Ojalá nunca te hubiera tenido. La gente puede pensar que eres un niño adorable, pero no eres más que un monstruo sin corazón.” —gritó mi madre en cuanto entró en la habitación y vio a mi niñera en un charco de sangre. Algunas