Diana estaba sentada en la barra del bar, con los lentes de sol bien ajustados y la capucha cubriéndole parte del rostro. La luz del lugar ayudaba a mantenerla en las sombras, pero aun así no dejaba de mirar hacia todos lados, inquieta.
Cada vez que alguien entraba, su cuerpo se tensaba por un segundo. Observaba rostros, gestos, y los movimientos que tenía la gente.
Diana no podía permitirse ser vista. Mucho menos reconocida. Ni Gabriel sabía que estaba en ese lugar.
—Un vaso de jugo nat