Helena se estaba besando con Nicolás en su habitación, a pesar de que el aire acondicionado estaba encendido, ambos sentían el calor de sus cuerpos.
El silencio de la casa jugaba a su favor.
Sarai había salido con Miriam a una noche de ópera, y no volvería hasta tarde.
Ese margen de tiempo se sentía como un permiso tácito.
Helena lo miró con una mezcla de deseo y ternura, y le hizo una seña para que se quedara.
—¿Por qué no te quedas esta noche conmigo? —preguntó, con timidez.
Nicolás