Diana Anderson salió del baño con una prueba de embarazo en la mano. Su sonrisa era amplia. No dejaba de chillar de la emoción, aunque nadie la estuviera escuchando.
El corazón lo tenía acelerado. Por fin su más grande deseo se había vuelto realidad: quedar embarazada de Gabriel. Su futuro estaba más que asegurado junto a él.
—Bebé, serás el consentido o consentida de la casa —le habló a su vientre, mordiéndose el labio—. Tu padre nos amará por igual. Ahora más que nunca.
Diana había comenza