El día sábado llegó en un abrir y cerrar de ojos y Helena ya estaba lista para su cita.
Llevaba puesto un vestido corto de azul marino, confeccionado en una tela suave que se ceñía con delicadeza a su figura.
El corte realzaba su cintura con una elegancia sutil, como si el diseño hubiera sido pensado exclusivamente para ella.
Los tirantes finos dejaban al descubierto sus hombros, y el escote en forma de corazón añadía un toque de feminidad sin excesos. Al caminar, el dobladillo del vestido s