Nicolás fue recibido por Miriam, él saludó con una sonrisa a la señora que llevaba pañoleta. Helena y Maikol habían contado su historia de lucha.
—Un placer conocerla, señora.
—Gracias por dejar que mi hijo se quede en tu empresa —Hizo una reverencia—. Nos has ayudado muchísimo, señor Collins. Sin ese trabajo, yo no estaría aquí para contar mi historia.
Nicolás se sintió conmovido ante tales palabras. Apreciaba a la gente agradecida, y Miriam era una de ellas.
—No es nada. Maikol hace bien