La policía le puso las esposas a Bruno gracias a Noah, después de tanto forcejeo. Él no soltó sus muñecas hasta que escuchó el clic metálico cerrarse sobre ellas.
Bruno, jadeaba y se resistía, pero ya no tenía poder.
—¡No! ¡No he terminado!
La policía lo sacó de la cabaña.
Haru, con las heridas empapadas en sangre, se acercó a Nicole. Se agachó frente a ella, ignorando el dolor.
—Nicole… —susurró—. ¿Estás bien?
Ella lo miró conlos ojos hinchados, y el cuerpo aún encogido por el trauma