La policía le puso las esposas a Bruno gracias a Noah, después de tanto forcejeo. Él no soltó sus muñecas hasta que escuchó el clic metálico cerrarse sobre ellas.
Bruno, jadeaba y se resistía, pero ya no tenía poder.
—¡No! ¡No he terminado!
La policía lo sacó de la cabaña.
Haru, con las heridas empapadas en sangre, se acercó a Nicole. Se agachó frente a ella, ignorando el dolor.
—Nicole… —susurró—. ¿Estás bien?
Ella lo miró conlos ojos hinchados, y el cuerpo aún encogido por el trauma. Al verlo tan herido y débil, rompió en llanto.
—¡Tienes que ir al hospital ya mismo! Mírate, Haru… —lo regañó—. ¿Cómo pudiste pelear estando desarmado? Eres un tonto. Pensé que ibas a morir…
Haru alzó una mano y le apartó un mechón de cabello del rostro, con una sonrisa.
—Esto no es nada comparado con lo que Bruno estuvo a punto de hacerte —le dijo—. ¿Llegué a tiempo?
Nicole asintió, juntando sus frentes.
—Llegaste a tiempo… —respondió, agradecida con el destino—. No sabes lo feliz que