Isabela apretó con fuerza la mano de Noah. Sus dedos temblaban, pero su mirada estaba firme. Había mostrado todo lo que su madre le había hecho y ella se mantuvo callada durante años.
El juez asintió lentamente, con el rostro tenso. Golpeó el mazo una vez, listo para dictar la sentencia de esa mujer.
—Después de revisar las pruebas presentadas, escuchar los testimonios y analizar los hechos con el debido rigor, este tribunal ha llegado a una conclusión clara e inapelable —comenzó, con la