Isabela estaba arreglando su habitación con más esmero del habitual. Sacudía los cojines y ordenaba los libros porque Noah iría a su casa.
Habían quedado en hacer el proyecto final juntos, y ella había aprovechado que su madre llegaba tarde del trabajo. Ese pequeño margen de libertad se sentía como un respiro.
—Espero que todo salga bien —sonrió.
Para su sorpresa, la puerta principal se abrió de golpe.
—¡Isabela! ¡Ven aquí ahora mismo!
Isabela apenas tuvo tiempo de correr escaleras abajo c