Emma miraba las estrellas en silencio, como si buscara respuestas en cada punto de luz. Entonces escuchó pasos detrás de ella.
Se giró, y ahí estaba Thiago. Se quitó el gorro de chef con un gesto tranquilo y lo dejó a un lado, sin apartar la vista de ella.
Emma sintió que el corazón le daba un vuelco.
—Emma, ¿por qué vuelves a huir de mí? —preguntó, con la expresión arrugada—. No entiendo.
—Eso no fue lo que hice… —se excusó, aunque sabía que era mentira.
—No me mientas. Fue demasiado obvio para todos —comentó—. Estabas muy a gusto con Haru y Nicole, hasta que llegué… ¿Es que me odias?
Thiago le mostró una expresión vulnerable que la hizo sentir mal. Ella sacudió ambas manos con rapidez.
—¡N-no! Jamás podría odiarte, Thiago —confesó, entre tartamudeos—. La verdad es que no sé qué me pasa. Estoy muy confundida actualmente. Mi cuerpo reacciona ante los nervios y…
Thiago se acercó con paso lento, sin decir nada. Emma, instintivamente, retrocedió un paso debido al temor que sen