Emma miraba las estrellas en silencio, como si buscara respuestas en cada punto de luz. Entonces escuchó pasos detrás de ella.
Se giró, y ahí estaba Thiago. Se quitó el gorro de chef con un gesto tranquilo y lo dejó a un lado, sin apartar la vista de ella.
Emma sintió que el corazón le daba un vuelco.
—Emma, ¿por qué vuelves a huir de mí? —preguntó, con la expresión arrugada—. No entiendo.
—Eso no fue lo que hice… —se excusó, aunque sabía que era mentira.
—No me mientas. Fue demasiado