Isabela estaba en su habitación, hablaba con Noah por mensaje mientras terminaba una maqueta para su proyecto.
En ese momento, su madre entró azotando la puerta, Isabela se sobresaltó. El pincel tembló en su mano y una línea torcida arruinó una parte. El celular vibró sobre la mesa, pero ella no lo miró.
Su madre avanzó con pasos duros, el rostro tenso, y el ambiente se volvió denso.
—¿Mamá? ¿Qué pasa? —se giró.
Isabela notó que su madre tenía una botella de cerveza en la mano. Supuso que empezó a beber después de salir del trabajo, no era la primera vez.
Tragó saliva.
—¡Eres una basura, Isabela! ¿Qué demonios crees que haces con esa maqueta?
La mujer se acercó con pasos furiosos y los ojos encendidos de rabia. Iba directo hacia la mesa, con la intención clara de romper su trabajo, de hacerlo pedazos.
Pero esta vez, Isabela se interpuso y eso le sorprendió. Se plantó frente a ella, temblando, sí, pero firme.
—¡No lo hagas! —gritó, estirando ambos brazos—. ¡Es parte de mi pr