Unos días después, Nicole caminaba por el pasillo, llevaba una carpeta apretada contra el pecho. Dentro, se encontraban sus nuevos bocetos. Quería la opinión de Haru ya que él era alguien que entendía el lenguaje de la moda sin necesidad de palabras.
Del otro lado de la puerta, Haru estaba de pie junto a la ventana, con el teléfono en una mano y la mirada fija en el horizonte. Su voz era baja y colgó la llamada.
—Haru, necesito que verifiques esta cuenta, por favor. Hay un número en los gastos que no entiendo —comentó Paula.
Ella llevaba unos papeles en las manos. Haru se volteó para atenderla, sin esperar que Paula, distraída y apresurada, se tropezara a medio camino y lo empujara sin querer.
El impacto fue repentino. Haru perdió el equilibrio y cayó de espaldas contra el suelo con un golpe seco. Paula quedó sobre él, a escasos centímetros de su rostro.
Justo en ese momento, la puerta se abrió y Nicole entró con su carpeta en brazos, lista para mostrar sus bocetos, pero al ver la