Unos días después, Nicole caminaba por el pasillo, llevaba una carpeta apretada contra el pecho. Dentro, se encontraban sus nuevos bocetos. Quería la opinión de Haru ya que él era alguien que entendía el lenguaje de la moda sin necesidad de palabras.
Del otro lado de la puerta, Haru estaba de pie junto a la ventana, con el teléfono en una mano y la mirada fija en el horizonte. Su voz era baja y colgó la llamada.
—Haru, necesito que verifiques esta cuenta, por favor. Hay un número en los gastos