—Hijo, ¿quién es la mujer que trajiste anoche? ¿Una novia de la que no me has hablado? —interrogó Gabriel, con picardía.
Thiago se atragantó con la leche durante el desayuno justo cuando escuchó las insinuaciones de su padre.
Tosió, se limpió la boca con la manga y sintió cómo el calor le subía hasta las orejas. Estaba rojo como un tomate maduro en pleno verano.
—¡Papá! E-eso no es… —balbuceó, apenado.
—¿Entonces? ¿Por qué otra razón traerías a una mujer a cada? —interrogó, alzando una ce