—Volveré, Nicole…
Un Haru de diez años le hablaba. Lo recordaba con tanta nitidez. Aunque el resto de la habitación se veía borrosa.
—Lloraré mucho por tu culpa —murmuró, golpeando el pecho de su amigo.
—¿Crees que yo no? —resopló—. ¿Te gustaría hacer una promesa?
—No sirve, puedes romperla si se te olvida que estoy aquí esperándote —refutó, sin titubeos—. Seguramente te irá mejor en Japón y jamás regresarás.
Nicole se limpió una lágrima que cayó por su mejilla. No quería separarse de él.