Helena tenía el día libre y esa tarde quedó con Nicolás para ir a comprar su vestido. Eran las diez de la mañana, y ella iba a salir un rato.
Sarai la vio confundida.
—Hija, ¿a dónde vas con ese bañador puesto? ¿Hay una playa cerca? —interrogó, mirándola de pies a cabeza.
Helena llevaba un bañador de cuerpo completo, azul marino, ajustado como una segunda piel. Tenía ese aire funcional y sobrio que recordaba a los trajes de natación escolar, los que se usaban en las clases obligatorias, sin