Por suerte, Helena fue atrapada por los enormes y bien formados brazos de Nicolás. Justo a tiempo antes de que cayera de frente al suelo.
—¡Helena! —gritó él, sosteniéndola como pudo.
Lamentablemente, Nicolás no pudo mantener el equilibrio al quedar en una posición incómoda para su cuerpo. Se cayeron al suelo, pero en todo momento, él buscó quedar debajo de ella y recibir el mayor golpe.
Nicolás se dio duro en la espalda, nada que no pudiera aguantar un hombre como él.
Helena, por otro lado