Nicole llegó a la empresa y se quedó en shock. Frente a la entrada, una multitud de reporteros la esperaba con cámaras, micrófonos y preguntas listas para disparar. No tenía idea de lo que estaba pasando, pero algo no andaba bien.
—¡Señorita Nicole! ¡Necesitamos unas palabras!
—¿Eh? ¿Qué? —balbuceó.
—Queremos saber si te volviste la nueva diseñadora sólo por ser la hija de Helena —soltó, poniéndole el micrófono cerca de la boca.
—¿Estudiaste la carrera de diseño de modas o tus padres te dieron el puesto porque tú lo querías? —preguntó una mujer, atenta.
—¿Por qué todavía no has mostrado ningún diseño en tus redes sociales? ¿Tienes miedo de que no le guste al público? —interrogó alguien más.
Nicole parpadeó.
Las preguntas eran como una bomba para ella. Explosivas, directas, sin espacio para respirar.
Nicole no creyó que la entrevista de Cassandra se haría tan viral en cuestión de días. Se sintió sofocada por tanta gente. El corazón le latía con fuerza, los flashes la cegaban, y p