Emma estaba terminando de cenar con su madre en el restaurante Maison Noire.
Bruno era el dueño de esa cadena de restaurantes, sin embargo, ya era costumbre de que fueran a ese lugar con frecuencia, tampoco es que Bruno estuviera allí.
—¿Te gustó el risotto? —preguntó su madre, limpiándose los labios con la servilleta.
Emma asintió, aunque su mente estaba en otra parte. En Noah y la confesión tonta que le hizo. Miró su teléfono con el mensaje de Noah… Él actuaba como si nada hubiera pasado.