—¡Me cuesta mucho creer que Diana haya sido capaz de hacer algo así! —soltó Karen.
Helena le sirvió un poco de té, con una sonrisa tranquila que sólo mostraba cuando se sentía realmente en paz.
Todos estaban allí, en el patio de la nueva casa: Maikol, Karen, Paul, Kaito, Sarai y Carlos. Era el cumpleaños de Helena, pero parecía más bien una celebración de todo lo que habían logrado.
La mesa estaba llena de cosas sencillas. Helena se sentó entre Karen y Maikol, con una taza tibia entre las ma