Helena y Nicolás entraron al consultorio de la ginecóloga un poco nerviosos. Ese día, por fin sabrían si los corazones que latían dentro de ella traían consigo dos niños o dos niñas.
La doctora los recibió con una sonrisa cálida.
—Hola, es un placer volver a verlos aquí —habló, mientras escribía—. ¿Cómo te has sentido, Helena? ¿Qué tal los síntomas? ¿Se han calmado?
—Muy bien. No he tenido problemas, ni dolores —explicó, con ambas manos sobre sus piernas—. Sólo hambre y mareos. Ya se me quita