Sarai estaba en el centro comercial junto a Miriam, caminando por los pasillos y echándole un ojo a las tiendas. Cada una tenía un helado en la mano, vainilla con chispas de chocolate para Sarai, fresa con crema para Miriam, y hablaban con esa mezcla de orgullo y preocupación que solo las madres conocen.
—No sabes lo respetuoso que es el novio de Maikol. Lo invité hace poco a la casa y la pasamos genial —comentó Miriam, comiendo su helado con tranquilidad—. Es un buen chico.
—Oh, sí, Helena me