Gabriel miró a Helena a los ojos, y por un instante, la ceremonia desapareció. Ella estaba allí frente a él, tan hermosa como el día en que la dejó ir, con ese brillo sereno que siempre lo desarmaba.
El vestido azul claro la envolvía como una promesa que nunca se cumplió, y su mirada, firme y silenciosa, le devolvía todo lo que él había perdido.
Se preguntó, sin poder evitarlo, por qué la trató mal. ¿Por qué eligió el orgullo y la distancia? Las cosas pudieron ser diferentes. Pudieron ser mejo