Nicolás se acercó a la puerta del baño con pasos lentos y con un nudo en el estómago que lo traicionaba. Tocó suavemente, fue apenas un golpecito con los nudillos.
—Helena… ¿estás bien? —preguntó, intentando que su voz sonara tranquila, aunque por dentro estaba lleno de tensión.
No hubo respuesta inmediata. Sólo el leve sonido del agua corriendo, o tal vez era su imaginación. Apoyó la frente contra la puerta, cerrando los ojos.
Ella llevaba más de diez minutos ahí dentro, y él no sabía si