Nicolás estaba de pie frente a la puerta del baño, con los brazos cruzados y el ceño fruncido, tratando de no dejar que la preocupación lo dominara. Era la primera vez que Helena salía corriendo así.
Había pasado más tiempo de lo que esperaba, y el silencio del lugar solo hacía que cada segundo pesara más.
Cuando finalmente la puerta se abrió, Helena salió despacio. Su rostro estaba pálido, tenía los labios sin color, y una mano temblorosa se apoyaba en la pared como si el mundo se le hubier