Capítulo 279: El Aliento de la Traición
El frío de las montañas del Norte se volvió absoluto, una garra de hielo que intentaba detener el latido frenético —y ajeno— en el pecho de Astraea. Valerius, su carcelero, su salvador y su amante, estaba clavado a la piedra por las mismas raíces que ella había convocado. La sangre del Alpha, espesa y cargada de un aroma a almizcle y hierro, goteaba sobre la nieve, despertando en Astraea un instinto de depredador que luchaba con el desgarro de su alma.
Va