Capítulo 261: Lazos de Sangre
El silencio que siguió a la combustión del pergamino fue más ensordecedor que el aullido que aún vibraba en el aire. Astraea sentía las cenizas calientes entre sus dedos, restos de una confesión que acababa de dinamitar los cimientos de su realidad.
—¿Hermano? —La palabra salió de sus labios como una maldición.
Miró a Valerius. El Alpha seguía de rodillas, con la cabeza gacha, dejando que la oscuridad del Páramo de Hierro envolviera sus hombros heridos. El aroma a