Capítulo 173: La Llave de los Mundos Caídos
El desierto de ceniza se extendía hasta donde alcanzaba la vista, un océano gris que olía a libros quemados y a ozono residual. Astraea sostenía a su hijo contra su pecho, sintiendo el calor real de su cuerpo pequeño, una calidez que desafiaba el frío antinatural de esa llanura. A su lado, Valerius permanecía de pie, su figura de Alpha herido recortada contra un cielo donde las plumas negras caían como nieve tóxica. El aroma a cedro quemado que emanab