Capítulo 133: El Segundo Latido
El frío en la nuca de Astraea se extendió como una red de escarcha hacia su columna. La revelación de su propio hijo —esa entidad de luz esmeralda que ahora usaba sus huesos como arquitectura— la dejó sin aliento. Frente a ella, Valerius ya no era el refugio de sus noches; era un arma de doble filo. La costura de hilos negros en su nuca palpitaba al unísono con el Vacío que devoraba la montaña, convirtiendo al Rey Lycan en un pararrayos de oscuridad.
Mikhail, con