Capítulo 127: El Peso de la Renuncia
La voz del Escriba cayó sobre el vestíbulo de la Torre como un mazo sobre cristal. Astraea sentía la cuerda de luz roja tirando de su nuca, una conexión visceral que la arrastraba hacia el abismo de obsidiana donde su doppelgänger ya se fundía con las sombras. El dolor no era solo físico; era una succión de identidad, un vacío que intentaba devorar sus recuerdos en la Ciudadela, el calor de las cenas en el gran salón y el roce áspero pero tierno de las manos