Capítulo 119: El Crisol de Selene
El agarre en su tobillo no era de hueso ni de metal, sino de una voluntad que parecía brotar de las raíces mismas de la montaña. Astraea sintió cómo el frío ascendía por su pierna, una corriente de energía que no buscaba destruirla, sino reclamarla. Valerius tiró de ella con una fuerza desesperada, sus garras hundiéndose en el mármol que ahora se sentía blando y cálido como carne febril. El aroma a cedro de su Alfa estaba siendo sofocado por una fragancia antig